Namibia es uno de los destinos más completos del continente, especialmente indicado para aquellos viajeros amantes de la fotografía o aquellos ávidos de grandes espacios y naturaleza grandiosa. Un país donde la luz, los contrastes y la variedad cromática nos revelan  al máximo espectaculares paisajes, fauna salvaje y las etnias más autenticas.
Desde Windhoek,  rumbo al norte,  descubrimos el parque nacional Etosha, un territorio virgen que nos transportará al África salvaje de los grandes felinos, rinocerontes y elefantes en una de las áreas más ricas en fauna del continente africano, que protege a más de 114 especies de mamíferos.
El río Kunene nace en Angola y se abre paso serpenteante hacia el océano Atlántico. En su camino crea las impresionantes Cataratas Epupa, siendo espectador privilegiado de una de las culturas ancestrales mejor preservadas del planeta: la tribu de los pastores semi-nómadas Himba.
Entre los áridos paisajes del Damaraland encontramos pequeños poblados, elefantes del desierto, miles de leones marinos en Cape Cross,  la belleza ancestral de los grabados rupestres de Twyfelfontein y de las rojizas rocas graníticas de Spitzkoppe, la montaña sagrada de los bosquimanos.
Swakopmund, sorprendente ciudad costera, nos ofrece un gran contraste entre la delicadeza de su arquitectura colonial y el paisaje salvaje que la rodea: la fuerza del océano atlántico y las grandes dunas del desierto.
Al sur de Swakopmund, exploraremos el desierto de Namib de la mejor manera posible: caminando por el espectacular valle de Sossusvlei, recorriendo el cañón de Sessriem y sobrevolando en avioneta el enorme mar de dunas ocres salpicadas por lagos secos de un blanco níveo, todo bajo el contraste del cielo azul  zafiro.
Tras el amanecer en las dunas alcanzaremos de nuevo Windhoek, capital de Namibia: la última atracción de un viaje a través un país salvaje y cautivador por la belleza y la variedad de sus paisajes, fauna y etnias.