Superados los primeros miedos, el escalador que se inicia se sorprenderá con que facilidad el uso de la fuerza puede ser sustituido por el empleo de una buena técnica. Coordinación, equilibrio y confianza son facultades que nos llevarán más alto que la potencia de nuestros músculos. Sentir el vacío a nuestra espalda al tiempo que buscamos el siguiente agarre que nos permita progresar produce una descarga de adrenalina muy difícil de olvidar.